Ningún viajero puede negar que la gastronomía es un factor importante a la hora de valorar el destino visitado.  ¿Acaso no asociáis sabores y olores con países o ciudades?

Los éxitos o fracasos gastronómicos siempre son parte de las anécdotas vacacionales y todos hemos recomendado, a amigos o familiares que visitan un destino conocido para nosotros, algún restaurante especial o un plato que aún saboreamos con solo recordarlo.

Sin considerar la gastronomía española que, desde mi punto de vista, tiene una cocina de las más ricas y variadas, mi siguiente opción, sin duda, sería la cocina asiática.  En Vietnam probamos recetas difíciles de explicar, tanto por su apariencia como, a veces, por su sabor, pero, desde luego no pasamos hambre y cada comida supuso un descubrimiento.

En cada esquina puedes encontrar algo que comer, todo depende de lo aventurero que seas y de la tranquilidad que te proporcione el Fortasec que lleves en el botiquín (imprescindible).  Lo que no debes olvidar es llevar tus propios palillos para comer porque, por curioso que te parezca, en puestos y restaurantes (no en los orientados a turistas pero sí en los frecuentados por lugareños) los palillos son reutilizados lavado tras lavado como si fueran un tenedor, sólo que en los palillos puedes ver la marca del incisivo de vete a saber quién.

Como platos curiosos recuerdo la cena de nuestro primer día en Hanoi.  Armados con nuestra guía Lonely Planet fuimos a un sitio muy recomendable  a comer el plato más famoso de la zona. Se trataba de una sartencilla con unas verduras crudas (nunca supimos qué eran) que regaban con pescado del río frito y una salsa amarilla .  Serían las ganas que teníamos de disfrutar del destino pero, a pesar de las salpicaduras de grasa que había en la pared del restaurante, fue una de las cenas más inolvidables, quizás por divertida, pero inolvidable y, por supuesto, se lo recomiendo a todo el que pase por allí.

En Sapa, zona montañosa al norte del país y de cultivo de arroz en terrazas (espectacular para los  aficionados al trekking) pasamos a una dieta más básica de arroz con.  Arroz con pollo, arroz con cerdo,… y así hasta el infinito. Es una cocina muy sencilla pero agradecida viendo los recursos de que disponen. Eso sí, allá donde vayas habrá una cerveza fría… ¡un misterio!

En Halong nos dijeron que el marisco era típico.  Si ellos lo dicen, nosotros aún no hemos confirmado en Wikipedia si el habitat natural de la gamba vietnamita está en la Bahía de Halong.  En cualquier caso, las pesquen dónde las pesquen están riquísimas remojadas en la salsa picante con las que las suelen acompañar.

Es curioso cómo, según cruzas el país de norte a sur, la cocina se vuelve más especiada, influenciada por los paises vecinos, y puedes llegar al punto de no saber lo que estás comiendo aunque te sirvan una apetitosa serpiente bien hechita.

En el Mekong esta influencia es incuestionable y si no eres amigo del jengibre, como es mi caso, las opciones a la hora de elegir se reducen considerablemente.

Imprescindibles: nems (rollitos) envueltos en pasta de arroz en todas sus versiones (calientes, fríos, de verduras, de gambas, de pescado,…), pho (sopa típica vietnamita), snacks con sabor a gambas (en España no los he probado tan ricos), frutas exóticas, ARROZ y dejarse llevar por los sentidos a la hora de elegir.

Buen viaje y buen provecho.