Hace ya unos cuantos años cerca de Florencia… algunos campesinos viajaban en la oscura noche del 7 de septiembre utilizando quinqués, artilugios de mechero de diferentes formas, que colgaban de bastones o cañas para iluminar su camino. Eran como lámparas de papel abiertas por la parte superior para permitir que la vela siguiera encendida.

Y todo este camino tenía un único fin, llegar a la gran ciudad de Florencia y acampar durante la noche de vigilia conmemorando el nacimiento de su adorada virgen, la Virgen de la Anunciación. Acudían a verla a la Basílica de la “Santissima Annunziata”, ya que allí se encuentra una de las imágenes más veneradas de la virgen; y a su vez aprovechaban para vender los frutos de sus cosechas en la plaza de la Basílica.

La gente de ciudad empezó a imitarles y crearon unas lámparas muy parecidas con formas de mujeres que llamaron Rificolonas (el origen del nombre proviene de ‘fierucolone la palabra que con el tiempo se convirtió en Rificolona y que describe a una mujer que se viste con mal gusto) y que paseaban acompañadas de campanas,cantos y bailes. La tradición ha ido evolucionando hasta convertirse hoy en una gran fiesta popular en Florencia. Las familias salen a las calles portando sus luces de papel con multitud de formas y colores ¡Un auténtico espectáculo!

La Fiesta de Rificolona tiene además, como parte de sus celebraciones, fiestas en la plaza y espectáculos de teatro en la calle siempre acompañados por la gastronomía tradicional. Y por supuesto, la gran fiesta termina con un increíble desfile muy colorido dirigido por el Cardenal.

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