Quería hacer un viaje diferente, de esos que no se olvidan y que dejan huella. No quería playas paradisíacas ni ciudades llenas de cultura, de eso sí tenemos en España.

Quería ver algo único, así que me decidí a llevar a cabo uno de los sueños de toda la vida, ver una Aurora Boreal. Me puse con ello, detalles, conexiones, aviones y trenes. Planearlo fue importante, no quería llegar allí y ya está, el viaje es tan importante como el destino, por eso en lugar de ir desde Estocolmo en avión preferimos coger un tren. Tardaba más de 24 horas en recorrer Suecia de Sur a Norte pero valió la pena.


Un coche cama con 6 plazas que casi llenábamos nosotras, olor a desodorante, a crema y a sandwiches de queso, novelas policíacas encima de la mesa y calcetines de lana. Cuando nos despertamos a mitad de camino de Kiruna el paisaje se había transformado y se había vuelto todo blando derrepente.

Frío, mucho frío…fuera del tren, suerte que íbamos preparadas. En Kiruna contratamos una excursión para acampar en medio de la naturaleza y hacer una excursión con perros y trineos. Un acompañamiento de lujo para disfrutar de la belleza de las auroras boreales.

Y la espera no fue en vano, a casi -35º cubiertas de ropa y con la nariz helada, tras más de 4.000 km de viaje uno de los fenómenos únicos del Planeta. Las Nordic Lights ante nosotras. Fue una experiencia muy especial y que guardo y atesoro con especial cariño. No soy especialmente creyente, pero allí rodeada por un cielo inmenso y nieve infinita, te sientes pequeña. Una sensación difícil de explicar.

Habrá que volver para ver el Sol de Medianoche!

(Patricia, oficinas centrales NAUTALIA)