Si algo tiene Praga es patrimonio histórico. El paso del tiempo ha hecho que por ella hayan desfilado una gran diversidad de estilos y que, además, todos ellos hayan dejado huella en multitud de grandes representaciones arquitectónicas.

Ya en el siglo X, la capital de la República Checa era un importante centro comercial. En el siglo XIII comenzaría a utilizarse la piedra para las grandes construcciones. Después, en el XIV, gracias a la influencia del rey Carlos IV, se desarrolló un estudiado diseño de Praga utilizando principalmente el estilo gótico.

Con los Habsburgo llega el renacimiento a Praga y, más tarde, tras la Guerra de los Treinta Años llegó un periodo de decadencia para renacer bajo los influjos del barroco. En el siglo XVIII se impone el clasicismo francés y en la segunda mitad del siglo XIX se pasa a un estilo personal checo. Por último, ya en el siglo XX, Praga recibe la llegada del modernismo.

Imagen de Flickr: JorgeGT

Este maravilloso contraste de estilos podemos apreciarlo observando, por ejemplo, el famoso Puente de Carlos, protegido por tres torres distribuidas entre sus dos cabeceras. En concreto, la torre localizada en la cabecera del barrio de Ciudad Vieja es considerada por muchos como una de las construcciones más impresionantes de la arquitectura gótica que hay en el mundo. Además, el puente está decorado por 30 estatuas situadas a ambos lados del mismo, la mayoría de estilo barroco.

Por contra, en el lado opuesto al citado Puente de Carlos descubrimos la Casa Danzante, un famoso edificio deconstructivista construido en 1997. Por su semejanza con una pareja de bailarines es también conocido como Ginger y Fred. ¡Esta es la grandeza histórica de Praga!

 

Imagen de Fotopedia: Matteo Piotto http://es.fotopedia.com/items/flickr-2396777028

Así que ya sabes, ¡visita esta hermosa ciudad! y ¡descubre su inmensa riqueza cultural!