Mónica de nuestra oficina se ha animado a contarnos cómo fue su viaje a África, lectura recomendada!

Una vez soñé con ir a África, y quiso el destino que la oportunidad surgiera para ir a conocerla. Qué tendrá este continente que engancha y se te mete hasta el tuétano ? Sus colores, su luz, su olor, sus gentes …

Uno de esos viajes que no hay que perderse, que hay que hacer una vez en la vida al menos. Una vuelta a los orígenes o un paso a un mundo simultáneo pero que está anclado en tiempos remotos. Es muy difícil resumir para no aburrir porque lo bueno es comprobarlo in situ, pero bueno, intentaré no extenderme.

Comenzamos nuestro viaje en Nairobi, allí conocimos a nuestro guía y nuestro camión, que sería nuestra casa las próximas dos semanas. El choque de culturas es inmediato, el orden – desorden – de las cosas, el ritmo, el caracter de la gente, sus costumbres ancestrales y a la vez modernas … recorrimos el Lago Nakuru con sus incontables flamencos rosas, e hicimos nuestra primera noche de acampada libre en medio de la sabana rodeados de monos, cebras, jirafas y todo tipo de animales a quien estábamos invadiendo su espacio.

Llegamos a tierras Maasais, y entramos en la reserva de Masai Mara, siendo bienvenidos por los habitantes locales, aún más delgados, coloristas y adornados que como los imáginabamos y habíamos visto en documentales y fotografías. La fauna salía a nuestros pies, cocodrilos, hipopótamos, rinocerontes, leones, leonas y leoncitos, jirafas, elefantes … todos a sus anchas y campando por doquier.

Nos quedamos encayados en el barro y temimos no poder sacar el camión, pero con el empeño y la ayuda de los habitantes locales lo conseguimos, y pudimos seguir nuestro camino.

Cruzamos la frontera a Tanzania y fuimos a recalar en las orillas del Lago Victoria, donde visitamos un poblado de pescadores que nos enseñó cómo se ganaban la vida tejiendo y usando sus redes para pescar y secar los peces para dar de comer a toda una comarca. Visitamos la escuela, y vimos cómo es la vida, el día a día de sus gentes.

De ahí entramos al Parque Nacional del Serengeti, del que no hace falta más que nombrarlo para recordar la migración de ñues, búfalos, el apareamiento de los leones, la caza de un guepardo sobre una gacela, las carreras de las zebras, el paso elegante y las peleas de jirafas, los carroñeras hienas y buitres aprovechando restos, … y la paz de nuestro tented-camp, que con sus lavabos portátiles, sus mesas de teka, su ducha al aire libre, y sus vistas nos llevó hacia atrás en el tiempo y a un estado de paz con el mundo. Inolvidable. No nos habría importado que el tiempo y el viaje parase en ese momento y en ese lugar, pero había que seguir, nos quedaba por ver el crater del Ngorongoro.

Si alguna vez pensé en un arca de Noé, la encontramos sin esperárnoslo allí mismo, una parada imprescindible en todo viaje a Tanzania. Un catálogo viviente de la mayor diversidad animal que yo jamás he visto en libertad. Y al alcance de la mano para el que se atreviese a sacarla del jeep!

Camino hacia el Indico ya vimos el kilimanjaro y su blanco pico, paramos en Arusha y subimos a los montes de Usambara, una selva de montaña llena de vegetación, flores, plantaciones y vida en mitad de la sabana, algo que nadie que se hubiese dejado llevar por el viaje como nosotros se hubiera esperado encontrar.

Y de ahí … a Dar el Salaam, desde donde salimos hacia Zanzibar en avioneta. 4 días de playas, calas, y rincones paradisíacos. Tiempo para disfrutar de las puestas de sol, unas de las mejores del mundo, de los fondos marinos, de los delfines, de la comida típica y de la tranquilidad y a la vez de la vida de una ciudad como Stonetown, con su mercado y sus rincones llenos de color.
Un viaje a lo inesperado, a lo inolvidable; un viaje que te cambia la visión de las cosas, que te hace pensar … como dice una buena amiga que conocímos allí, un viaje que cambia algo en el fondo de tu ser, es siempre un Gran Viaje. Y este lo fue.

(Mónica Ruiz Villabrille, Oficinas de Nautalia Avda. Portugal, 7 Logroño)