Un de nuestras compañeras de Pamplona nos manda su relato de cómo alejarnos de lo turístico para adentrarnos en la cultura de los destinos que visitamos. Toda una inspiración para todos aquellos que nos sentimos más viajeros que turistas:

Para disfrutar del placer de la aventura no siempre hay que adentrarse en frondosas junglas o bordear inmensas cascadas. A veces, basta con girar 90 grados la dirección que sigue el viajero por el recorrido turístico habitual y dejarse sorprender por la vida cotidiana de los vecinos del barrio de al lado.


Si aquel día, al terminar la visita a la ciudad olímpica de Atlanta hubiéramos vuelto directamente al centro, no habríamos divisado aquel grupo de elegantes negros a las puertas de un local de su barrio.  No les habríamos dado la oportunidad de invitarnos a su servicio dominical. “¡Pero no vamos vestidos como vosotros, para la ocasión!” “¡Bienvenidos, lo importante es vuestro interior!”…

Si al cerrar el mercadillo de Durban al atardecer hubiéramos volado hacia el centro, no nos habríamos dejado acariciar por la ternura de esos vendedores callejeros que, bajo el puente de la autopista, nos invitaban a cerveza a pesar de su precaria situación económica, solo para intentar mostrarnos lo que para ellos era “la nueva Sudáfrica” y lo contáramos de vuelta en nuestro país.

Si hubiéramos permanecido en las playas de folleto de Natal, no habríamos visto a todos los hombres del pueblo de al lado adentrarse con sus inmensas redes en el mar de su playita local para conseguir,de forma comunitaria, el substento del día para todas sus familias. En  Cartagena de Indias se puede disfrutar de restaurantes de lujo. Pero en la playa de Santa Marta, que no aparece en las guías, el camarero se mete al mar a pescar a mano, para tí, la especie elegida. ¡Eso es lujo!

Y no hay como moverse por Moscú, Kiev o Beijing en metro. El alfabeto no lo pone fácil. Pero la hospitalidad de sus gentes hace que merezca la pena ese giro de 90 grados, en este caso, hacia las entrañas de estos países.

Vale, yo no recomendaría conocer los maravillosos centros de la Seguridad Social danesa como consecuencia de una caída tonta, como me ocurrió a mí. Ni que la salida, en este caso, de la calzada aún sin asfaltar que llevaba a Canberra por una carretera que aún no salía ni en los mapas, nos dejara el coche de alquiler en siniestro total. Pero visitar los márgenes es, sin duda, garantía de nuevos descubrimientos.  Esas cosas que no salen en las guías.

Maite Satóstegui
Directora agencia Nautalia (Castillo de Maya, Pamplona).